Por Alexander Paredes – Director Académico Idiomas con Alex S.A.S. de C.V.
En
el escenario contemporáneo de la formación docente, emerge un fenómeno tan
sutil como estructural: la reducción del acto educativo a un guion de
cumplimiento. Al revisar múltiples propuestas didácticas, se revela una
constante inquietante: el formato no funciona como un andamiaje para el
pensamiento, sino como un dispositivo de validación administrativa. En este
sentido, el estudiante no escribe para pensar, sino para demostrar que sabe
ocupar correctamente los espacios previamente definidos.
1.
La ilusión del rigor académico
Este
fenómeno sostiene una ilusión de rigor basada en el uso declarativo de la
teoría. Conceptos como “modelo interactivo” o “procesos cognitivos”
aparecen en las planeaciones como marcadores discursivos que legitiman el
trabajo, pero no siempre como decisiones pedagógicas encarnadas.
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Pedagogía del Casillero |
Pedagogía del Tacto (Propuesta) |
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Lógica:
Administrativa y de cumplimiento |
Lógica:
Ética, relacional y humana |
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El Lector:
Un operador que rastrea datos |
El Lector:
Un sujeto que se transforma |
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La Teoría:
Ornamento retórico (Etiquetas) |
La Teoría:
Herramienta de mediación real |
2.
El secuestro del sentido
Lo
más preocupante es la transformación del acto de leer en una práctica
empobrecida. La lectura, entendida por Daniel Cassany como una práctica
social compleja que implica interpretar y posicionarse, se ve reducida a una
actividad instrumental para localizar datos.
"El lector deja de ser sujeto para
convertirse en operador: ya no interpreta, rastrea; ya no problematiza,
responde; ya no se transforma, cumple".
Los
dispositivos evaluativos predominantes —cuestionarios cerrados y listas de
cotejo— privilegian respuestas rápidas, pero desatienden la construcción de
sentido.
Se
configura así un secuestro del sentido, donde el texto pierde su
densidad simbólica para adaptarse a la eficiencia.
3.
El potencial y el tacto pedagógico
Bajo
esta estructura rígida subyace un potencial pedagógico significativo en temas
relevantes que se ven contenidos por el formato. Es aquí donde se hace evidente
la ausencia de lo que Max van Manen denomina el tacto pedagógico:
la capacidad del docente para percibir qué necesita el estudiante en su
encuentro con el conocimiento.
El tacto pedagógico no puede reducirse a una plantilla, porque implica una dimensión ética que desborda cualquier esquema. Cuando la escritura se reduce a un producto final o a una actividad de cumplimiento, se limita su potencial formativo. El tacto pedagógico supone asumir la responsabilidad de no trivializar el acto de aprender.
Conclusión:
Educación como simulacro
Frente
a este panorama, se vuelve urgente replantear el lugar del formato. No se trata
de eliminar la estructura, sino de recuperar su función como medio y no como
fin. Como advierte Paulo Freire, educar no es transferir contenidos,
sino crear las condiciones para la producción del conocimiento.
La
pregunta no es si los estudiantes saben llenar el formato, sino si la
experiencia educativa les permite encontrarse consigo mismos a través del
lenguaje. Porque leer no es responder preguntas, sino hacerse otras nuevas.
Referencias
- Cassany,
D. (2006). Tras las líneas. Anagrama.
- Freire,
P. (2004). Pedagogía de la autonomía. Siglo XXI.
- Van
Manen, M. (1991). El tacto en la enseñanza. Paidós.
- Vygotsky, L. S. (1978). Mind in society. Harvard University Press.
