miércoles, 24 de junio de 2026

¿Una epidemia distingue clase social?

 

Una lectura de La muerte de los Arango de José María Arguedas

Alexander Paredes


Las epidemias han acompañado a la humanidad a lo largo de la historia y han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las sociedades ante la enfermedad y la muerte. Aunque las condiciones económicas y sociales influyen en el acceso a la atención médica, la propagación de una epidemia demuestra que ninguna persona se encuentra completamente exenta del riesgo de enfermar. Esta reflexión adquiere especial relevancia después de la pandemia de COVID-19, experiencia que permitió comprender que las crisis sanitarias afectan a toda la sociedad, aunque sus consecuencias no se distribuyan de manera equitativa.

En este contexto, el cuento La muerte de los Arango, de José María Arguedas, ofrece una representación de la enfermedad, la muerte y la respuesta colectiva de una comunidad andina frente a una epidemia. El presente ensayo analiza cómo la obra muestra tanto la vulnerabilidad humana ante la enfermedad como el abandono de las poblaciones rurales y el papel de las creencias comunitarias frente a la ausencia del Estado.

José María Arguedas y la realidad andina

José María Arguedas es uno de los autores más importantes de la literatura peruana del siglo XX. Su obra se caracteriza por representar la realidad de las comunidades indígenas y campesinas de los Andes, así como el encuentro entre la cultura andina y la cultura occidental. A través de sus relatos, el autor busca mostrar las costumbres, creencias y problemas sociales que enfrentan estas comunidades.

La muerte de los Arango se desarrolla en el pueblo ficticio de Sayla y narra los efectos de una epidemia de tifus que afecta a toda la población. El relato se presenta desde la perspectiva de un narrador en primera persona y describe tanto la expansión de la enfermedad como las respuestas colectivas de los habitantes.

La epidemia y la vulnerabilidad compartida

Uno de los aspectos más relevantes del cuento es que la enfermedad no distingue entre grupos sociales. Don Juan Arango, un hacendado respetado y propietario de importantes cultivos, fallece a causa del tifus, al igual que su hermano don Eloy. La muerte de ambos personajes demuestra que la epidemia afecta tanto a las personas con recursos económicos como a los sectores más humildes.

La experiencia de la pandemia de COVID-19 permite establecer un diálogo contemporáneo con la obra de Arguedas. Aunque las condiciones de vida influyen en las posibilidades de atención médica, la enfermedad puede alcanzar a cualquier individuo. De este modo, el cuento plantea una reflexión sobre la fragilidad humana y la imposibilidad de controlar completamente las crisis sanitarias.

Comunidad, ritual y creencias

La obra también describe diversas prácticas funerarias y rituales colectivos. El ayataki, los cantos, las ceremonias y la participación de toda la comunidad muestran que la muerte no constituye únicamente una experiencia individual, sino también un acontecimiento social.

El episodio final, en el que el caballo es sacrificado para expulsar la peste, puede resultar extraño desde una perspectiva racional moderna. Sin embargo, dentro de la cosmovisión andina el ritual posee un significado simbólico y espiritual. Las creencias populares ofrecen una forma de explicar la enfermedad y de recuperar la esperanza en medio de la tragedia.

En este sentido, Arguedas no ridiculiza las creencias de la comunidad, sino que las presenta como parte de una visión del mundo que permite afrontar el sufrimiento colectivo.

El abandono de las comunidades rurales

Otro aspecto importante del relato es la ausencia de instituciones médicas o de apoyo gubernamental. La población enfrenta la epidemia prácticamente sola y debe recurrir a sus propias tradiciones y prácticas comunitarias.

La única intervención externa consiste en el incendio de una población vecina con el propósito de detener la propagación de la enfermedad. Esta situación pone de manifiesto el abandono histórico de las comunidades rurales e indígenas, tema recurrente en la obra arguediana.

La epidemia no solo provoca muertes, sino que también evidencia las desigualdades sociales y la falta de atención hacia los sectores más vulnerables de la población.

Conclusiones

La muerte de los Arango continúa siendo una obra vigente debido a su reflexión sobre la enfermedad, la muerte y la vulnerabilidad humana. La epidemia presentada por Arguedas demuestra que las crisis sanitarias afectan a toda la sociedad, aunque las condiciones sociales determinen la manera en que cada grupo enfrenta sus consecuencias.

Asimismo, el relato pone de manifiesto la importancia de la comunidad, las creencias y los rituales como mecanismos de resistencia frente al sufrimiento. Finalmente, la obra denuncia el abandono de las poblaciones rurales y evidencia la necesidad de una mayor atención hacia los sectores históricamente marginados.

La experiencia reciente de la pandemia de COVID-19 permite comprender la actualidad de las reflexiones planteadas por Arguedas y confirma que la literatura continúa ofreciendo herramientas para interpretar las problemáticas del presente.

Referencias

Arguedas, J. M. (1955). La muerte de los Arango. El Nacional.

Lozano, S. (2014). El tifus, la extinción de la comunidad y la superstición andina en “La muerte de los Arango” de José María Arguedas.

Vich, V. (2000). El discurso de la calle: los cómicos ambulantes y las tensiones de la modernidad en el Perú. Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú.

 

martes, 23 de junio de 2026

La pedagogía del error en la enseñanza de lenguas extranjeras

 Alexander Paredes






Durante décadas, el error ha sido uno de los conceptos más controvertidos en la enseñanza de lenguas extranjeras. Tradicionalmente asociado a la idea de fallo, desviación o incompetencia, fue concebido como un elemento indeseable que debía evitarse y corregirse de manera inmediata. Esta visión, heredera del conductismo (Skinner), entendía el aprendizaje como formación de hábitos, donde el error representaba una “respuesta incorrecta” que debía ser eliminada mediante refuerzo negativo.

Sin embargo, el desarrollo de la lingüística aplicada, la psicología cognitiva y los enfoques socioculturales ha permitido replantear radicalmente su valor pedagógico. Hoy, el error se reconoce como una manifestación natural del proceso de adquisición y como una ventana privilegiada a los mecanismos internos del aprendizaje.

Este artículo profundiza en la evolución del concepto de error y analiza su tratamiento pedagógico en la producción oral y escrita desde perspectivas contemporáneas, integrando aportes de la teoría de la interlengua, la competencia comunicativa y la mediación sociocultural.

1. Evolución del concepto de error

La concepción del error ha estado históricamente ligada a los paradigmas dominantes sobre el aprendizaje.

En el marco del análisis contrastivo (Lado, 1957), el error era explicado como resultado directo de la interferencia de la lengua materna. Esta perspectiva, de raíz estructuralista y conductista, asumía que las diferencias entre lenguas predecían las dificultades del aprendiz. El objetivo pedagógico era, por tanto, anticipar y evitar el error mediante repetición y control.

El giro decisivo ocurre con el análisis de errores (Corder, 1967), quien propone que los errores no son fallos aleatorios, sino evidencias sistemáticas del proceso de aprendizaje. Como señala Corder, “los errores son significativos porque nos dicen algo sobre el sistema lingüístico del aprendiz”. Esta idea inaugura una visión epistemológica distinta: el error deja de ser un problema para convertirse en dato.

En esta línea, la hipótesis de la interlengua (Selinker, 1972) consolida el cambio conceptual. El aprendiz no “imita” la lengua meta, sino que construye un sistema propio, dinámico, con reglas internas. Los errores, en este sentido, son regularidades que reflejan hipótesis en construcción. Este sistema puede presentar fenómenos como la fosilización, donde ciertas formas erróneas se estabilizan si no hay intervención pedagógica adecuada.

A estos aportes se suma la distinción entre adquisición y aprendizaje formulada por Krashen (1982), particularmente su noción de filtro afectivo, que explica cómo la ansiedad, el miedo al error y la corrección excesiva pueden bloquear la producción lingüística.

Finalmente, los enfoques comunicativos y orientados a la acción, como los promovidos por el MCER (Consejo de Europa, 2001), sitúan el error dentro del desarrollo de la competencia comunicativa (Hymes; Canale y Swain). Desde esta perspectiva, el valor del error no se mide por su desviación normativa, sino por su impacto en la eficacia comunicativa.

2. El valor pedagógico del error

Desde una perspectiva contemporánea, el error cumple una doble función: diagnóstica y formativa.

Siguiendo a autores como Edge (1989) y James (1998), el error permite identificar patrones de dificultad, revelar estrategias de aprendizaje y ajustar la intervención didáctica. No se trata solo de corregir, sino de interpretar el error como indicador del estado de la interlengua.

Es fundamental, como señalas, distinguir entre errores y faltas (Corder). Esta diferenciación tiene implicaciones directas en la práctica docente: mientras los errores requieren intervención pedagógica, las faltas pueden ignorarse o tratarse de forma ligera.

Asimismo, autores como Ellis (2009) subrayan la importancia de la corrección selectiva. No todos los errores deben corregirse, ni todos en el mismo momento. La decisión debe considerar:

·       Su impacto en la comunicación.

·       Su frecuencia.

·       Su nivel de sistematicidad.

·       Los objetivos de la tarea.

En este sentido, la pedagogía del error implica un cambio de rol docente: de corrector a analista e intérprete del proceso de aprendizaje.

3. El tratamiento del error en la producción oral

La producción oral constituye un espacio particularmente sensible, donde el error interactúa con variables afectivas, cognitivas y sociales.

Krashen advierte que una corrección excesiva eleva el filtro afectivo, inhibiendo la participación. Por ello, enfoques como el Focus on Form (Long, 1991) proponen intervenir sobre el error sin interrumpir la comunicación.

Entre las estrategias más eficaces destacan:

·       Reformulación (recast) (Long): el docente corrige implícitamente repitiendo la forma correcta

·       Elicitación: se induce al alumno a autocorregirse

·       Clarificación: se señala la incomprensión para que el alumno reformule

·       Corrección diferida: se analizan errores después de la interacción

Lyster y Ranta (1997) muestran que no todas las estrategias tienen el mismo impacto: aquellas que implican participación activa del alumno (como la autocorrección) favorecen mayor retención.

Desde una perspectiva sociocultural (Vygotsky), la corrección se entiende como mediación dentro de la zona de desarrollo próximo. El error no se elimina, se trabaja dialógicamente.

4. El tratamiento del error en la producción escrita

En la escritura, el error ha pasado de ser objeto de penalización a convertirse en eje del proceso formativo.

Autores como Ferris (2002) y Hyland (2003) destacan que la corrección escrita es más eficaz cuando es:

·       Selectiva (no todo se corrige)

·       Comprensible (el alumno entiende el porqué)

·       Accionable (permite mejorar el texto)

El enfoque procesual (Flower & Hayes) entiende la escritura como un ciclo de planificación, redacción y revisión. En este marco, el error es una oportunidad de reescritura, no un punto final.

Además, prácticas como:

·       Autocorrección guiada

·       Corrección entre pares

·       Uso de códigos de error

favorecen la metacognición (Flavell) y la autonomía del aprendiz.

Desde esta perspectiva, corregir no es “marcar en rojo”, sino enseñar a revisar, a pensar y a reescribir.

Conclusión

El error no es un enemigo del aprendizaje, sino una de sus manifestaciones más valiosas. Su resignificación ha sido posible gracias al tránsito desde paradigmas conductistas hacia enfoques cognitivos, comunicativos y socioculturales.

Una pedagogía del error no busca eliminarlo, sino comprenderlo, interpretarlo y aprovecharlo. Esto implica asumir que aprender una lengua es, en esencia, un proceso de aproximaciones sucesivas, donde cada error representa una hipótesis en construcción.

En este sentido, el docente deja de ser un corrector de desviaciones para convertirse en un mediador del desarrollo lingüístico. La corrección eficaz no es la más exhaustiva, sino la más pertinente: aquella que respeta el proceso, potencia la reflexión y favorece un aprendizaje autónomo y duradero.

Referencias

Canale, M., & Swain, M. (1980). Theoretical bases of communicative approaches to second language teaching and testing. Applied Linguistics, 1(1), 1–47. https://doi.org/10.1093/applin/1.1.1

Corder, S. P. (1967). The significance of learners’ errors. International Review of Applied Linguistics in Language Teaching, 5(1–4), 161–170.

Council of Europe. (2001). Common European framework of reference for languages: Learning, teaching, assessment. Cambridge University Press.

Edge, J. (1989). Mistakes and correction. Longman.

Ellis, R. (2009). Corrective feedback and teacher development. L2 Journal, 1(1), 3–18.

Ferris, D. R. (2002). Treatment of error in second language student writing. University of Michigan Press.

Flavell, J. H. (1979). Metacognition and cognitive monitoring: A new area of cognitive–developmental inquiry. American Psychologist, 34(10), 906–911. https://doi.org/10.1037/0003-066X.34.10.906

Flower, L., & Hayes, J. R. (1981). A cognitive process theory of writing. College Composition and Communication, 32(4), 365–387. https://doi.org/10.2307/356600

Hyland, K. (2003). Second language writing. Cambridge University Press.

James, C. (1998). Errors in language learning and use: Exploring error analysis. Longman.

Krashen, S. D. (1982). Principles and practice in second language acquisition. Pergamon.

Lado, R. (1957). Linguistics across cultures: Applied linguistics for language teachers. University of Michigan Press.

Long, M. H. (1991). Focus on form: A design feature in language teaching methodology. En K. de Bot, R. B. Ginsberg, & C. Kramsch (Eds.), Foreign language research in cross-cultural perspective (pp. 39–52). John Benjamins.

Lyster, R., & Ranta, L. (1997). Corrective feedback and learner uptake: Negotiation of form in communicative classrooms. Studies in Second Language Acquisition, 19(1), 37–66. https://doi.org/10.1017/S0272263197001034

Selinker, L. (1972). Interlanguage. International Review of Applied Linguistics in Language Teaching, 10(1–4), 209–231.

Skinner, B. F. (1957). Verbal behavior. Appleton-Century-Crofts.

Vygotsky, L. S. (1978). Mind in society: The development of higher psychological processes. Harvard University Press.

 

jueves, 9 de abril de 2026

La pedagogía del casillero Crítica a la simulación educativa en la formación docente

Por Alexander Paredes – Director Académico Idiomas con Alex S.A.S. de C.V.




En el escenario contemporáneo de la formación docente, emerge un fenómeno tan sutil como estructural: la reducción del acto educativo a un guion de cumplimiento. Al revisar múltiples propuestas didácticas, se revela una constante inquietante: el formato no funciona como un andamiaje para el pensamiento, sino como un dispositivo de validación administrativa. En este sentido, el estudiante no escribe para pensar, sino para demostrar que sabe ocupar correctamente los espacios previamente definidos.

1. La ilusión del rigor académico

Este fenómeno sostiene una ilusión de rigor basada en el uso declarativo de la teoría. Conceptos como “modelo interactivo” o “procesos cognitivos” aparecen en las planeaciones como marcadores discursivos que legitiman el trabajo, pero no siempre como decisiones pedagógicas encarnadas.

Pedagogía del Casillero

Pedagogía del Tacto (Propuesta)

Lógica: Administrativa y de cumplimiento

Lógica: Ética, relacional y humana

El Lector: Un operador que rastrea datos

El Lector: Un sujeto que se transforma

La Teoría: Ornamento retórico (Etiquetas)

La Teoría: Herramienta de mediación real

 Desde la perspectiva de Lev Vygotsky, el aprendizaje implica un proceso de mediación que transforma las funciones psicológicas superiores. Sin embargo, cuando la teoría se reduce a una etiqueta, dicha mediación desaparece y el aprendizaje se convierte en una simulación de sí mismo.

2. El secuestro del sentido

Lo más preocupante es la transformación del acto de leer en una práctica empobrecida. La lectura, entendida por Daniel Cassany como una práctica social compleja que implica interpretar y posicionarse, se ve reducida a una actividad instrumental para localizar datos.

"El lector deja de ser sujeto para convertirse en operador: ya no interpreta, rastrea; ya no problematiza, responde; ya no se transforma, cumple".

Los dispositivos evaluativos predominantes —cuestionarios cerrados y listas de cotejo— privilegian respuestas rápidas, pero desatienden la construcción de sentido.

Se configura así un secuestro del sentido, donde el texto pierde su densidad simbólica para adaptarse a la eficiencia.

3. El potencial y el tacto pedagógico

Bajo esta estructura rígida subyace un potencial pedagógico significativo en temas relevantes que se ven contenidos por el formato. Es aquí donde se hace evidente la ausencia de lo que Max van Manen denomina el tacto pedagógico: la capacidad del docente para percibir qué necesita el estudiante en su encuentro con el conocimiento.

El tacto pedagógico no puede reducirse a una plantilla, porque implica una dimensión ética que desborda cualquier esquema. Cuando la escritura se reduce a un producto final o a una actividad de cumplimiento, se limita su potencial formativo. El tacto pedagógico supone asumir la responsabilidad de no trivializar el acto de aprender.

Conclusión: Educación como simulacro

Frente a este panorama, se vuelve urgente replantear el lugar del formato. No se trata de eliminar la estructura, sino de recuperar su función como medio y no como fin. Como advierte Paulo Freire, educar no es transferir contenidos, sino crear las condiciones para la producción del conocimiento.

La pregunta no es si los estudiantes saben llenar el formato, sino si la experiencia educativa les permite encontrarse consigo mismos a través del lenguaje. Porque leer no es responder preguntas, sino hacerse otras nuevas.

Referencias

  • Cassany, D. (2006). Tras las líneas. Anagrama.
  • Freire, P. (2004). Pedagogía de la autonomía. Siglo XXI.
  • Van Manen, M. (1991). El tacto en la enseñanza. Paidós.
  • Vygotsky, L. S. (1978). Mind in society. Harvard University Press.

lunes, 23 de marzo de 2026

Entre evaluación y aprendizaje: tensiones en la enseñanza de lenguas desde un enfoque crítico

 Por Alexander Paredes



El presente artículo analiza críticamente las tensiones entre evaluación y aprendizaje en la enseñanza de lenguas, particularmente en contextos donde la estandarización, la coevaluación obligatoria y la burocratización del proceso educativo desplazan la construcción significativa del conocimiento. A partir de un enfoque teórico sustentado en Vygotsky, Krashen, Cassany y Selinker, se examinan los efectos de estas prácticas sobre el desarrollo lingüístico y el bienestar afectivo del estudiante. Asimismo, se incorporan los aportes de Van Manen y Savater, junto con una reflexión sobre la concepción de la docencia desde una experiencia formativa concreta. El artículo propone una perspectiva pedagógica orientada hacia la autonomía, la sensibilidad y el pensamiento crítico.

Palabras clave: evaluación, enseñanza de lenguas, coevaluación, filtro afectivo, Vygotsky, pedagogía crítica.

Introducción: la ilusión de la estandarización

En la práctica docente contemporánea existe una tensión constante entre dos lógicas: la gestión administrativa y la mediación pedagógica.

La primera exige rapidez, control, evidencia cuantificable.

La segunda demanda tiempo, reflexión, acompañamiento.

El problema surge cuando la primera comienza a dominar a la segunda.

En ese momento, enseñar deja de ser un proceso de construcción y se convierte en una secuencia de cumplimiento de formatos.

Plantillas.
Protocolos.
Listas.
Criterios.

Incluso el lenguaje pedagógico se ve afectado: saludos obligatorios, estructuras rígidas, interacciones prediseñadas.

Este tipo de estandarización, lejos de ser neutra, tiene efectos directos en el proceso de aprendizaje. En particular, puede elevar el filtro afectivo descrito por Stephen Krashen (1982), generando ansiedad, desmotivación y bloqueo cognitivo.

Esto resulta especialmente problemático en estudiantes con trayectoria profesional, quienes pueden percibir estos entornos como infantilizantes o reductivos.

El espejismo de la coevaluación

La coevaluación se presenta, en muchos casos, como una estrategia de aprendizaje colaborativo. Sin embargo, su implementación no siempre responde a este principio.

Solicitar a los estudiantes que asignen una calificación numérica a sus compañeros en un foro público introduce tensiones importantes:

¿Se trata realmente de aprendizaje colaborativo?

¿O de la delegación de una función que corresponde al docente?

Cuando no existe una mediación pedagógica adecuada, esta práctica puede convertirse en un mecanismo de exposición que afecta la seguridad emocional del estudiante.

Desde esta perspectiva, la evaluación deja de ser formativa y se transforma en un ejercicio de juicio entre pares.

Además, se observa una problemática recurrente: la priorización del “molde” sobre el contenido.

Un trabajo puede cumplir perfectamente con la estructura solicitada —bien organizado, visualmente ordenado— y aun así carecer de profundidad.

En contraste, una propuesta con mayor sustento teórico o creatividad puede verse penalizada si no se ajusta al formato esperado.

Esto refleja una tensión entre forma y fondo que atraviesa muchas prácticas educativas actuales.

Fundamentación vs. superficialidad

Desde la teoría sociocultural, Lev Vygotsky (1978) plantea que el lenguaje cumple un papel central en la construcción del pensamiento.

La transición de la sintaxis interna al lenguaje externo no es un proceso mecánico, sino una transformación profunda que implica reorganización cognitiva.

En este sentido, la práctica repetitiva sin reflexión —como la reproducción de audios sin contexto significativo— limita el desarrollo de procesos más complejos de pensamiento.

Por otro lado, Daniel Cassany (1999) enfatiza que la competencia comunicativa no puede reducirse a la corrección formal.

La verdadera competencia implica interacción, negociación del significado y adecuación al contexto.

Cuando las actividades se reducen a listas de cotejo fragmentadas, se corre el riesgo de descomponer la comunicación en elementos aislados, perdiendo su naturaleza integral.

Asimismo, desde la noción de interlengua propuesta por Larry Selinker (1972), el error no es un fallo, sino una etapa del proceso de adquisición.

Sin embargo, si el entorno educativo penaliza constantemente el error, se inhibe la participación y se limita el aprendizaje.

Las “alas atadas”: el riesgo de la deserción intelectual

Uno de los efectos más preocupantes de la infantilización del entorno universitario es la posible deserción intelectual.

Cuando el estudiante percibe que no se le permite pensar, cuestionar o proponer, su motivación disminuye.

Se genera entonces un perfil de estudiante que aprende a cumplir, pero no necesariamente a comprender.

Este tipo de formación puede derivar en la creación de “ejecutores de instrucciones”, en lugar de profesionales con pensamiento crítico.

En el caso de la enseñanza de lenguas, esto resulta especialmente grave, ya que el objetivo no debería ser únicamente reproducir estructuras, sino desarrollar la capacidad de negociar significados y comunicarse en contextos reales.

Conclusiones: hacia una neurodidáctica de la libertad

Frente a estas tensiones, es necesario repensar el modelo educativo desde una perspectiva más humana y flexible.

El filtro afectivo, los procesos sociocognitivos y la naturaleza social del lenguaje exigen entornos que favorezcan la seguridad, la autonomía y la participación activa.

En este sentido, el pensamiento de Max Van Manen (1991) resulta fundamental al introducir el concepto de tacto pedagógico: la capacidad del docente de actuar con sensibilidad, tomando decisiones situadas que favorezcan el aprendizaje.

Asimismo, Fernando Savater (1997) plantea que educar implica formar sujetos libres, capaces de pensar por sí mismos.

Desde esta perspectiva, la docencia no puede reducirse a una cadena de producción de tareas, sino que debe concebirse como un acto de diálogo, construcción y acompañamiento.

Ser maestro implica aprender con los estudiantes.

Implica reconocer en ellos sus necesidades, sus trayectorias y sus aspiraciones.

Implica también aceptar los propios errores y convertirlos en oportunidades de crecimiento.

En palabras de una reflexión compartida por uno de mis profesores:

Ser maestro es un proceso inacabado.

Es sensibilidad.

Es compromiso.

Es humanidad.


Referencias

Cassany, D. (1999). Construir la escritura. Paidós.

Krashen, S. D. (1982). Principles and practice in second language acquisition. Pergamon Press.

Selinker, L. (1972). Interlanguage. International Review of Applied Linguistics, 10(3), 209–231.

Savater, F. (1997). El valor de educar. Ariel.

Van Manen, M. (1991). El tacto en la enseñanza. Paidós.

Vygotsky, L. S. (1978). Mind in society: The development of higher psychological processes. Harvard University Press.

 

sábado, 24 de enero de 2026

La pedagogía del error en la enseñanza de lenguas extranjeras

La pedagogía del error en la enseñanza de lenguas extranjeras - Alexander Paredes

Durante décadas, el error ha sido uno de los conceptos más controvertidos en la enseñanza de lenguas extranjeras. Tradicionalmente asociado a la idea de fallo, desviación o incompetencia, el error fue considerado un elemento que debía evitarse y corregirse de manera inmediata. Sin embargo, el desarrollo de la lingüística aplicada y de la didáctica de lenguas ha permitido replantear su valor pedagógico y su función en el proceso de aprendizaje.

Hoy en día, el error se concibe como una manifestación natural del desarrollo lingüístico del aprendiz y como una fuente de información privilegiada para el docente. Este artículo presenta una síntesis teórica sobre la evolución del concepto de error y analiza su tratamiento pedagógico en la producción oral y escrita desde los enfoques actuales en enseñanza de lenguas.


1. Evolución del concepto de error

La concepción del error ha variado de acuerdo con los modelos teóricos predominantes en cada momento histórico.

En el análisis contrastivo, desarrollado a partir de los años cincuenta, el error se explicaba principalmente como resultado de la interferencia de la lengua materna en el aprendizaje de la lengua extranjera. Desde una perspectiva conductista, el error era un obstáculo que debía prevenirse mediante la repetición y la corrección inmediata.

A finales de los años sesenta, el análisis de errores, impulsado por Corder, supuso un cambio fundamental. El error dejó de entenderse como una falla para convertirse en evidencia del proceso cognitivo del aprendiz. Los errores revelan las hipótesis que el estudiante formula sobre la lengua que aprende y permiten comprender su estado de desarrollo lingüístico.

Posteriormente, la hipótesis de la interlengua, propuesta por Selinker, consolidó esta visión al considerar que el aprendiz construye un sistema lingüístico propio, dinámico y en evolución. Desde este enfoque, los errores no son aleatorios, sino regulares y sistemáticos, y reflejan etapas naturales del aprendizaje.

Finalmente, los enfoques actuales, respaldados por el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER), conciben el error como un componente inherente al desarrollo de la competencia comunicativa. Su relevancia se evalúa en función de su impacto en la comunicación y no únicamente desde una perspectiva normativa.

2. El valor pedagógico del error

Desde una perspectiva didáctica, el error cumple una función diagnóstica y formativa. Permite al docente identificar dificultades recurrentes, ajustar la planificación didáctica y tomar decisiones fundamentadas sobre qué corregir, cuándo hacerlo y con qué finalidad.

Es fundamental distinguir entre errores y faltas. Los errores responden al desconocimiento o a una hipótesis incorrecta sobre la lengua, mientras que las faltas son lapsus ocasionales provocados por factores externos como el cansancio o la distracción. Esta distinción evita una corrección excesiva y favorece un tratamiento pedagógico más eficaz.

Asimismo, no todos los errores tienen el mismo peso didáctico. Algunos no afectan la comprensión del mensaje, mientras que otros pueden bloquear la comunicación. Por ello, la corrección debe ser selectiva y priorizar aquellos errores que inciden en la inteligibilidad, la coherencia y la adecuación comunicativa.

3. El tratamiento del error en la producción oral

La producción oral es uno de los ámbitos más sensibles a la corrección del error. Una intervención docente excesiva puede afectar negativamente la fluidez y aumentar la ansiedad del alumno, elevando el denominado filtro afectivo.

Desde los enfoques comunicativos, la corrección oral se concibe como una decisión pedagógica contextualizada. Estrategias como la corrección diferida, la reformulación o la autocorrección guiada permiten proteger la fluidez del discurso y favorecen la reflexión metalingüística del estudiante.

Corregir en la oralidad no implica señalar cada desviación, sino acompañar al alumno en el desarrollo progresivo de su interlengua, priorizando la comunicación efectiva y el uso funcional de la lengua.

4. El tratamiento del error en la producción escrita

En la producción escrita, la corrección ha evolucionado de una práctica centrada en el producto final hacia una concepción procesual y formativa. Corregir un texto no significa únicamente marcar errores formales, sino orientar al alumno en la mejora progresiva de su competencia escrita.

Desde esta perspectiva, la corrección debe ser selectiva y coherente con los objetivos de la tarea. Resulta más pedagógico intervenir sobre aspectos relacionados con la coherencia, la cohesión y la adecuación discursiva que centrarse exclusivamente en errores aislados de forma.

Además, la corrección escrita no es responsabilidad exclusiva del docente. La autocorrección y la corrección entre pares fomentan la autonomía, la conciencia lingüística y la metacognición, elementos clave en el aprendizaje de lenguas.

Conclusión

El error no es un enemigo del aprendizaje, sino uno de sus principales aliados. Cuando se interpreta desde una perspectiva pedagógica, el error se convierte en una herramienta formativa que orienta tanto al docente como al alumno.

Una corrección eficaz es selectiva, contextualizada y coherente con los objetivos comunicativos. Lejos de eliminar errores, la pedagogía del error busca utilizarlos como recursos para favorecer un aprendizaje más consciente, autónomo y duradero. En este sentido, el tratamiento del error se consolida como un eje fundamental en la enseñanza de lenguas extranjeras.

lunes, 29 de septiembre de 2025

​Bad Bunny, el español urbano y el Super Bowl

Por Alexander Paredes



Iniciamos la semana con la noticia de que Bad Bunny será el encargado del show de medio tiempo del Super Bowl 2026. Y claro, la polémica no se hizo esperar: unos lo celebran, otros lo critican, y muchos dicen “a mí no me gusta”.

​Yo lo digo abiertamente: a mí tampoco me convence del todo su voz, aunque reconozco que es un compositor brillante y un artista conceptual.

​De hecho, he escuchado su último disco, "Debí tirar más fotos", con más atención a las letras y la estructura. Álbumes como este no solo confirman su evolución, sino que se alzan como una verdadera carta de amor a Puerto Rico. En su composición, vemos una notable hibridación musical que va más allá del trap y el reggaetón: fusiona lo urbano con los ritmos autóctonos y tradicionales de la isla. Hay canciones como Turista que son realmente hermosas en su construcción musical, y la inclusión de artistas y elementos como los Pleneros de la Cresta en el álbum, no solo es un homenaje, sino un acto de afirmación cultural que lleva a lo global los sonidos más íntimos y folclóricos de su tierra.

​Pero más allá de gustos, hay algo mucho más grande en juego aquí.

​Porque esto no se trata solo de Benito Martínez, se trata de lo que representa: un artista que ha puesto en la cima del mundo al español urbano y al español caribeño. 

Muchas veces se ha “ninguneado” el español de Puerto Rico, como si no fuera legítimo o parte de la identidad hispana. Y hoy, ese mismo español que algunos miran con prejuicio va a sonar en el evento más visto del planeta. 

Bad Bunny visibiliza con hechos que se puede ser el artista más escuchado del mundo sin ceder un ápice de tu dialecto, tu jerga o tu cultura.

Y ​no, nadie está obligado a que le guste Bad Bunny, pero sí deberíamos reconocer que está abriendo puertas y que está poniendo sobre la mesa algo esencial: también somos españoles. No en el sentido de pertenecer a España, sino en el sentido de hablar y crear en español, de reivindicar un idioma vivo, diverso y lleno de identidades.

​Y eso es inspirador. 

Porque mientras otros critican, él demuestra con hechos que se puede llegar al escenario más grande del mundo con un estilo propio, con letras que muchos quisieran escribir y con la bandera de Puerto Rico en alto.

​En lo personal, me sigo quedando con dudas sobre su voz, pero no con dudas sobre su aporte. Eso ya es innegable. 

Y aunque sé que muchos no estarán de acuerdo conmigo, sigo creyendo que lo que Benito está haciendo por Puerto Rico y por el español merece ser reconocido. Y, bajo mi punto de vista como profesor de lenguas extranjeras, lo aplaudo.

​#BadBunny #SuperBowl2026 #MedioTiempo #PuertoRico #EspañolUrbano #CulturaLatina #IdentidadHispana #OrgulloBoricua #LenguaViva #DiversidadLingüística #MúsicaUrbana #EntreNotasYPalabras #DebiTirarMasFotos

viernes, 12 de septiembre de 2025

La música de las vocales italianas: emociones y fonosimbolismo

Por Alexander Paredes

Introducción

El italiano es una lengua célebre por su musicalidad y su capacidad de transmitir emociones. Más allá de la gramática o el ritmo, la riqueza expresiva del idioma se encuentra también en sus sonidos fundamentales: las vocales.

El lingüista Leo Nobile ha propuesto que los sonidos vocálicos no son completamente arbitrarios, sino que poseen un valor fonosimbólico. Esto significa que cada vocal está vinculada a imágenes, sensaciones y emociones universales. El fenómeno, conocido como fonosimbolismo, permite comprender cómo el timbre de un sonido puede evocar lo pequeño, lo grande, lo luminoso, lo oscuro o lo profundo.

Explorar el vocalismo italiano desde esta perspectiva ofrece tres beneficios principales:

  • Permite un aprendizaje intuitivo y expresivo de la fonética.
  • Favorece la memorización y discriminación auditiva, al relacionar sonidos con emociones e imágenes.
  • Enriquece la enseñanza del italiano al resaltar su dimensión estética y musical.

A continuación, se presentan los valores fonosimbólicos de las vocales del italiano estándar, acompañados de ejemplos y posibles aplicaciones pedagógicas.


/i/ – PEQUEÑEZ Y AGUDEZA

La /i/ es una vocal anterior, cerrada y alta. Su articulación, con labios estirados y cavidad oral reducida, produce un sonido fino y penetrante.

  • Simbología: pequeñez, agudeza, precisión, lejanía.
  • Ejemplos: piccolo (pequeño), filo (hilo), minimo (mínimo), grido (grito).

Su sonoridad evoca lo delgado, delicado y agudo, lo que puede asociarse con imágenes de objetos pequeños o sonidos intensos.

/e/ – CLARIDAD Y REFINAMIENTO

La /e/ (media-alta anterior) suaviza la intensidad de la /i/ y transmite una sensación de ligereza emocional y armonía.

  • Simbología: claridad, refinamiento, agilidad.
  • Ejemplos: leggero (ligero), sereno (sereno), delicato (delicado).

Es una vocal asociada con lo positivo y sutil, cercana a la serenidad y la belleza equilibrada.

/ɛ/ – CERCANÍA  Y APERTURA EMOCIONAL

La /ɛ/ (media-baja anterior) abre más la vocalidad, transmitiendo emociones humanas y terrenales.

  • Simbología: apertura emocional moderada, cercanía, naturalidad.
  • Ejemplos: bello (bello), terra (tierra), speranza (esperanza).

Al compararla con la /e/, resulta más emocional y cálida, vinculada a la experiencia cotidiana.

/a/ – GRANDEZA Y EXPRESIVIDAD

La /a/ es la vocal central y abierta por excelencia. Representa la máxima apertura y se asocia con vitalidad y fuerza.

  • Simbología: grandeza, intensidad, expresividad, proximidad.
  • Ejemplos: grande (grande), mamma (mamá), caldo (calor), amare (amar).

Es la vocal más frecuente y emocional del italiano, vinculada a expresiones de alegría, dolor, sorpresa o entusiasmo.

/ɔ/ – GRAVEDAD Y PROFUNDIDAD

La /ɔ/ (media-baja posterior) transmite peso emocional y seriedad.

Simbología: gravedad, pesadez, profundidad, emotividad.

Ejemplos: morto (muerto), cuore (corazón), dolore (dolor).

Su sonoridad oscura la convierte en la vocal de lo solemne y dramático.

/o/ – PLENITUD Y EQUILIBRIO

/o/ (media-alta posterior) tiene un carácter más redondeado y sereno que la /ɔ/.

  • Simbología: redondez, plenitud, calma, dulzura.
  • Ejemplos: buono (bueno) sole (sol), amore (amor).

Evoca sensaciones de armonía y bienestar, asociadas a la suavidad y la completitud.

/u/ – MISTERIO Y LEJANÍA

La /u/ (posterior, cerrada y alta) genera un sonido profundo y oscuro.

  • Simbología: oscuridad, introspección, misterio, distancia.
  • Ejemplos: lupo (lobo), scuro (oscuro), lutto (luto).

Es la vocal de lo oculto, lo insondable y lo íntimo, vinculada a estados emocionales graves o de recogimiento.

Aplicación pedagógica

El enfoque fonosimbólico permite enriquecer la enseñanza del italiano a través de la experiencia sensorial:

  • Asociaciones visuales y emocionales: cada vocal se conecta con una imagen y un sentimiento (ej. /i/ = alfiler, /a/ = volcán, /u/ = cueva oscura).
  • Metáforas corporales: abrir mucho la boca para /a/, fruncir los labios para /u/, estirar para /i/.
  • Dinámicas creativas: inventar palabras simbólicas, dramatizar emociones solo con vocales, analizar poemas y canciones desde el valor sonoro de sus vocales.

De esta manera, los estudiantes no aprenden únicamente a reproducir sonidos, sino a sentirlos y comprenderlos en su dimensión expresiva.

Conclusión

El vocalismo del italiano, interpretado desde el fonosimbolismo de Leo Nobile, revela que el idioma no es solo un código arbitrario, sino también una música cargada de significados emocionales. Cada vocal transmite una experiencia distinta: pequeñez, claridad, cercanía, grandeza, gravedad, plenitud o misterio.

Incorporar esta perspectiva en la enseñanza favorece un aprendizaje más profundo, intuitivo y estético, permitiendo que el estudiante se acerque al italiano no solo como lengua, sino como arte sonoro.

Bibliografía

Crystal, D. (2008). A Dictionary of Linguistics and Phonetics (6a ed.). Blackwell Publishing.

Jakobson, R., & Waugh, L. R. (2002). La forma sonora del lenguaje. Fondo de Cultura Económica.

Magnus, M. (2013). A History of Sound Symbolism. University of Trondheim.

Nobile, L. (2021). Il valore fonosimbolico nel vocalismo dell’italiano standard. [Manuscrito académico].