La pedagogía del error en la enseñanza de lenguas extranjeras - Alexander Paredes
Durante décadas, el error ha sido uno de los conceptos más controvertidos en la enseñanza de lenguas extranjeras. Tradicionalmente asociado a la idea de fallo, desviación o incompetencia, el error fue considerado un elemento que debía evitarse y corregirse de manera inmediata. Sin embargo, el desarrollo de la lingüística aplicada y de la didáctica de lenguas ha permitido replantear su valor pedagógico y su función en el proceso de aprendizaje.
Hoy en día, el error se concibe como una manifestación natural del desarrollo lingüístico del aprendiz y como una fuente de información privilegiada para el docente. Este artículo presenta una síntesis teórica sobre la evolución del concepto de error y analiza su tratamiento pedagógico en la producción oral y escrita desde los enfoques actuales en enseñanza de lenguas.
La concepción del error ha variado de acuerdo con los modelos teóricos predominantes en cada momento histórico.
En el análisis contrastivo, desarrollado a partir de los años cincuenta, el error se explicaba principalmente como resultado de la interferencia de la lengua materna en el aprendizaje de la lengua extranjera. Desde una perspectiva conductista, el error era un obstáculo que debía prevenirse mediante la repetición y la corrección inmediata.
A finales de los años sesenta, el análisis de errores, impulsado por Corder, supuso un cambio fundamental. El error dejó de entenderse como una falla para convertirse en evidencia del proceso cognitivo del aprendiz. Los errores revelan las hipótesis que el estudiante formula sobre la lengua que aprende y permiten comprender su estado de desarrollo lingüístico.
Posteriormente, la hipótesis de la interlengua, propuesta por Selinker, consolidó esta visión al considerar que el aprendiz construye un sistema lingüístico propio, dinámico y en evolución. Desde este enfoque, los errores no son aleatorios, sino regulares y sistemáticos, y reflejan etapas naturales del aprendizaje.
Finalmente, los enfoques actuales, respaldados por el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER), conciben el error como un componente inherente al desarrollo de la competencia comunicativa. Su relevancia se evalúa en función de su impacto en la comunicación y no únicamente desde una perspectiva normativa.
Es fundamental distinguir entre errores y faltas. Los errores responden al desconocimiento o a una hipótesis incorrecta sobre la lengua, mientras que las faltas son lapsus ocasionales provocados por factores externos como el cansancio o la distracción. Esta distinción evita una corrección excesiva y favorece un tratamiento pedagógico más eficaz.
Asimismo, no todos los errores tienen el mismo peso didáctico. Algunos no afectan la comprensión del mensaje, mientras que otros pueden bloquear la comunicación. Por ello, la corrección debe ser selectiva y priorizar aquellos errores que inciden en la inteligibilidad, la coherencia y la adecuación comunicativa.
La producción oral es uno de los ámbitos más sensibles a la corrección del error. Una intervención docente excesiva puede afectar negativamente la fluidez y aumentar la ansiedad del alumno, elevando el denominado filtro afectivo.
Desde los enfoques comunicativos, la corrección oral se concibe como una decisión pedagógica contextualizada. Estrategias como la corrección diferida, la reformulación o la autocorrección guiada permiten proteger la fluidez del discurso y favorecen la reflexión metalingüística del estudiante.
Corregir en la oralidad no implica señalar cada desviación, sino acompañar al alumno en el desarrollo progresivo de su interlengua, priorizando la comunicación efectiva y el uso funcional de la lengua.
En la producción escrita, la corrección ha evolucionado de una práctica centrada en el producto final hacia una concepción procesual y formativa. Corregir un texto no significa únicamente marcar errores formales, sino orientar al alumno en la mejora progresiva de su competencia escrita.
Desde esta perspectiva, la corrección debe ser selectiva y coherente con los objetivos de la tarea. Resulta más pedagógico intervenir sobre aspectos relacionados con la coherencia, la cohesión y la adecuación discursiva que centrarse exclusivamente en errores aislados de forma.
Además, la corrección escrita no es responsabilidad exclusiva del docente. La autocorrección y la corrección entre pares fomentan la autonomía, la conciencia lingüística y la metacognición, elementos clave en el aprendizaje de lenguas.
El error no es un enemigo del aprendizaje, sino uno de sus principales aliados. Cuando se interpreta desde una perspectiva pedagógica, el error se convierte en una herramienta formativa que orienta tanto al docente como al alumno.
Una corrección eficaz es selectiva, contextualizada y coherente con los objetivos comunicativos. Lejos de eliminar errores, la pedagogía del error busca utilizarlos como recursos para favorecer un aprendizaje más consciente, autónomo y duradero. En este sentido, el tratamiento del error se consolida como un eje fundamental en la enseñanza de lenguas extranjeras.