jueves, 9 de abril de 2026

La pedagogía del casillero Crítica a la simulación educativa en la formación docente

Por Alexander Paredes – Director Académico Idiomas con Alex S.A.S. de C.V.




En el escenario contemporáneo de la formación docente, emerge un fenómeno tan sutil como estructural: la reducción del acto educativo a un guion de cumplimiento. Al revisar múltiples propuestas didácticas, se revela una constante inquietante: el formato no funciona como un andamiaje para el pensamiento, sino como un dispositivo de validación administrativa. En este sentido, el estudiante no escribe para pensar, sino para demostrar que sabe ocupar correctamente los espacios previamente definidos.

1. La ilusión del rigor académico

Este fenómeno sostiene una ilusión de rigor basada en el uso declarativo de la teoría. Conceptos como “modelo interactivo” o “procesos cognitivos” aparecen en las planeaciones como marcadores discursivos que legitiman el trabajo, pero no siempre como decisiones pedagógicas encarnadas.

Pedagogía del Casillero

Pedagogía del Tacto (Propuesta)

Lógica: Administrativa y de cumplimiento

Lógica: Ética, relacional y humana

El Lector: Un operador que rastrea datos

El Lector: Un sujeto que se transforma

La Teoría: Ornamento retórico (Etiquetas)

La Teoría: Herramienta de mediación real

 Desde la perspectiva de Lev Vygotsky, el aprendizaje implica un proceso de mediación que transforma las funciones psicológicas superiores. Sin embargo, cuando la teoría se reduce a una etiqueta, dicha mediación desaparece y el aprendizaje se convierte en una simulación de sí mismo.

2. El secuestro del sentido

Lo más preocupante es la transformación del acto de leer en una práctica empobrecida. La lectura, entendida por Daniel Cassany como una práctica social compleja que implica interpretar y posicionarse, se ve reducida a una actividad instrumental para localizar datos.

"El lector deja de ser sujeto para convertirse en operador: ya no interpreta, rastrea; ya no problematiza, responde; ya no se transforma, cumple".

Los dispositivos evaluativos predominantes —cuestionarios cerrados y listas de cotejo— privilegian respuestas rápidas, pero desatienden la construcción de sentido.

Se configura así un secuestro del sentido, donde el texto pierde su densidad simbólica para adaptarse a la eficiencia.

3. El potencial y el tacto pedagógico

Bajo esta estructura rígida subyace un potencial pedagógico significativo en temas relevantes que se ven contenidos por el formato. Es aquí donde se hace evidente la ausencia de lo que Max van Manen denomina el tacto pedagógico: la capacidad del docente para percibir qué necesita el estudiante en su encuentro con el conocimiento.

El tacto pedagógico no puede reducirse a una plantilla, porque implica una dimensión ética que desborda cualquier esquema. Cuando la escritura se reduce a un producto final o a una actividad de cumplimiento, se limita su potencial formativo. El tacto pedagógico supone asumir la responsabilidad de no trivializar el acto de aprender.

Conclusión: Educación como simulacro

Frente a este panorama, se vuelve urgente replantear el lugar del formato. No se trata de eliminar la estructura, sino de recuperar su función como medio y no como fin. Como advierte Paulo Freire, educar no es transferir contenidos, sino crear las condiciones para la producción del conocimiento.

La pregunta no es si los estudiantes saben llenar el formato, sino si la experiencia educativa les permite encontrarse consigo mismos a través del lenguaje. Porque leer no es responder preguntas, sino hacerse otras nuevas.

Referencias

  • Cassany, D. (2006). Tras las líneas. Anagrama.
  • Freire, P. (2004). Pedagogía de la autonomía. Siglo XXI.
  • Van Manen, M. (1991). El tacto en la enseñanza. Paidós.
  • Vygotsky, L. S. (1978). Mind in society. Harvard University Press.